martes, 22 de julio de 2014

Guardemos el secreto

"Espera fuera", me dice. Por supuesto, obedezco.

Debo reconocer que es una princesa bastante particular, que desde luego no tiene la etiqueta requerida pero que... bueno, lo intenta. En más de una ocasión debe olvidar que permanezco invisible y atento tras ella, cubriendo sus espaldas para cualquier ataque improvisto... debe olvidarlo porque pierde las formas sobremanera. Sin embargo no estoy en mi posición para juzgar, ni siquiera para opinar. Mi trabajo es sencillo: protegerla.

Nada más, y nada menos.

Pasan las horas y con su paso la lluvia aprieta fuera. Busco algún sitio que me permita estar a resguardo sin apartarme y sin perder de vista la entrada de la pequeña casa del lago. Por suerte la naturaleza decide apiadarse de mí y encuentro un árbol más o menos grande, pero hueco. A las ardillas que duermen dentro no parece importarles dejarme un rincón.
En este lapso de tiempo me llama la atención ver al señor Sheldon salir con un vestido sucio en las manos, empaparlo en el lago, frotar lo suficiente y después volver a entrar en la casa con la ropa chorreando.

Enarco una ceja, pero nada más.

No pasa demasiado rato hasta que veo salir a la princesa, y me dispongo a levantarme y seguirla a pocos metros, como es costumbre, cuando algo me deja parado en el sitio... El señor Sheldon sale tras ella, coge su rostro entre las manos y la besa en los labios. Durante un momento mi mano va al arma, pero solo puedo sonreír y negar con la cabeza cuando la respuesta de ella es una sonrisa triste, un gesto de despedida y una frase que el bosque y yo guardaremos en secreto.

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