jueves, 25 de junio de 2015

Caminos a los que volver

Inocencia, miedo, inseguridad. Emociones que parecen calmarse cuando fija su mirada en alguno de nosotros, entre los que cree de su confianza. No podía estar en una situación más peligrosa y a su vez menos preparado. Pero con esa fuerza de voluntad que bien podría mezclarse con el miedo a morir, es capaz de salir adelante.

He encontrado un remanso de paz en mi mente, donde por fin puedo reflexionar sobre todo esto. Estoy una vez más junto al trono, casi la misma posición de la que huía en Ushar. En vez de proteger la integridad de un reino y su cabeza, ahora debo proteger directamente a esa vida. He intentado que la espada sea mi vida, alejándome de poderes, cargos y la alta sociedad en cualquiera de sus formas. Es así, desde que era joven y escapé de mi hogar. Pero vuelvo, vuelvo otra vez. Con una mente fresca, joven, decidida, asustada. Voluble, quizás. Apenas tiene maldad, ¿qué hacer si escucha las palabras de alguien que le quiere mal? ¿Cómo advertirle? ¿Cómo guiarle, si es que es lo que me corresponde, hacia el buen camino?

La empuñadora de mi arma parece ser un buen refugio para mis manos que se agitan nerviosas, buscando un asidero en el que sentirme firme, estable. Sentada en esas escaleras apenas iluminadas, transitadas apenas unas veces, oculta bajo una falsa identidad además de por las sombras. Veo como el servicio del palacio y la guardia que vuelven a recuperar una normalidad en sus rutinas pasan ante mis ojos.

Vuelvo a sumergirme en unas aguas que me ahogaban. Es una estructura que puede ser construida desde los inicios. Y soñando, sin saber si puedo acaso permitírmelo, pienso que todo puede cambiar hacia la utopía que vive en mi mente.

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