Una vez más, la noche y la niebla se apoderaron del lugar. Había sido un día difícil y el silencio se había coronado rey del momento y la espera. A pesar de la calma, los ojos del joven soldado no se alejaban del horizonte, temiéndose un ataque que podría llegar en cualquier momento.
- ¿Buscando estrellas? – un muchacho sonriente, soldado al igual que él, se dejó caer a su lado, sentándose de forma despreocupada
- No se ven esta noche
- Ni esta noche, ni ayer, ni antes de ayer, ni el mes pasado… - Edahi se echó a reír – No sé si hace más tiempo que no veo estrellas o a mi mujer
- Creo que tu mujer te dará una bienvenida más cálida que esas de ahí arriba
- Oh, eres muy gracioso, tal vez podrías dejarme uno de tus escritos, quizá con eso el recibimiento sea aún mejor
- Dice muy poco de ti que me necesites para agradar a tu mujer – Korvash sonrió – Aunque si me lo pides por favor, podría dejarte alguno
- Muy amable – dijo con cierto sarcasmo mientras cogía una pequeña bota que colgaba de su cinto y luego dio un trago al contenido
- ¿De dónde demonios has sacado vino? – no pudo evitar la mueca de incredulidad
- La gente me quiere, ¿sabes?
- ¿Cuánto?
- Dos luar
- ¿Por esto? – señaló la bota soltando una carcajada – Vaya, eres un negociador nato
- ¡Ríete de otro! ¿Se te ocurre alguna otra cosa en la que gastar dos luar aquí?
- Está bien, siéntete orgulloso entonces de haber hecho un trueque horrible
- ¿Tienes tu arma? – el tono de su voz y la expresión en su rostro se tornaron serios de golpe y su mirada se alejó más allá del parapeto
- ¿Tanto te he ofendido? – la sonrisa se borró de sus labios y sus ojos se encaminaron hacia el mismo lugar que los de Edahi. Tras una pausa suspiró – Comenzará en breve
- Avisa a los demás – ordenó sin apartar la mirada
- En seguida, señor – Korvash asintió secamente con la cabeza y se retiró a toda prisa
- Va a ser una noche larga…
Un lugar donde los sueños se hacen realidad, donde la magia tiene sentido y los imposibles son aventuras por llegar.
sábado, 16 de junio de 2012
domingo, 10 de junio de 2012
Las Lágrimas de Kaliana
- Esta historia
comienza en un pequeño pueblecito donde hace mucho, mucho tiempo, Ethron y
Kaliana unieron sus caminos. Como en gran parte de los cuentos, su amor estaba
prohibido, pues los dos se encontraban ya prometidos a unos desconocidos. Los
jóvenes amantes se encontraban cada luna llena a orillas del lago, donde el
viento alzaba la voz para que nadie pudiera escuchar sus palabras. Pero una noche de invierno, Ethron no acudió a la cita. Kaliana lo buscó
desesperadamente con la punzada de un mal presentimiento latiendo en su pecho y
su corazón se detuvo cuando al fin lo vio, tumbado en la superficie del agua
helada, pintando el hielo de rojo mientras la luna se derramaba sobre él. Dicen que Kaliana corrió hasta él y lo recostó
en su regazo hasta que a los poco minutos murió entre sus brazos. La joven
rompió a llorar suplicando a Lianah que se lo devolviera, y las lágrimas que
vertió desprendieron una luz cegadora que al desvanecerse la hicieron sonreír
al ver los ojos de Ethron abrirse y las heridas de su cuerpo cerrarse a una
velocidad milagrosa. Cuenta la leyenda que en la luna del mes más frío del año,
en mitad del gélido lago, crece una flor cuyo néctar es capaz de devolver la
vida a un ser amado…
- Pero padre,
eso solo son historias, ¿no? – Isabel y Juan lo miraban con los ojos muy
abiertos
- Es posible,
hijos míos… - Zachary esbozó una sonrisa, le revolvió el cabello a Juan y con el dedo índice dio un leve toque en la nariz de Isabel - pero todas las historias nacen de alguna parte…
jueves, 7 de junio de 2012
Real
No puedo explicarlo.
No es como describir una casa o un jardín.
No es como tratar de contar un cuento o explicar cómo es el viento cuando te acaricia las mejillas.
No puedo explicarlo.
Todo lo que sé es que he estado tanto tiempo al margen del mundo... he estado tanto tiempo encerrada entre muros fantasmas, y no tan fantasmas... que esto es real.
De pronto me doy cuenta, cuando sonríe y me besa. Estoy segura: él sí es real.
Sea lo que sea, esto es real.
No es como describir una casa o un jardín.
No es como tratar de contar un cuento o explicar cómo es el viento cuando te acaricia las mejillas.
No puedo explicarlo.
Todo lo que sé es que he estado tanto tiempo al margen del mundo... he estado tanto tiempo encerrada entre muros fantasmas, y no tan fantasmas... que esto es real.
De pronto me doy cuenta, cuando sonríe y me besa. Estoy segura: él sí es real.
Sea lo que sea, esto es real.
domingo, 20 de mayo de 2012
Cae el telón
La noche en el teatro no es igual que en las calles. Gran
parte de la ciudad se ha ido a dormir, mientras que todo lo que se considera de
“baja ralea” acaba de salir a cazar.
Así es Londres, un callejón lleno de sombras. Pero no aquí
dentro, y por supuesto no en su compañía.
Doy un leve tirón de los lazos de las zapatillas, que me
cubren solo las puntas de los pies y doblo los dedos varias veces, giro los
brazos y los estiro, alzo la vista y la veo haciendo lo mismo. La noche está
siendo más larga de lo que pensaba, pero nunca lo suficiente.
Después de todo lo que ha pasado, se lo merece, se merece esto. ¿Por quién sino por ella iba a estar aquí? Hace unos años pensaba que ni siquiera sacaría monedas bailando en la calle, mucho menos soñaba con pisar las tablas, y hoy… bueno, hoy aquí estamos, ensayando la última noche antes del estreno. Se lo debo a ella, a su persistencia.
Mañana es nuestro pequeño gran momento. El Royal Dreury Lane no es el mejor teatro de Londres, pero es mucho más de lo que podíamos haber imaginado en todos estos años. El señor Ivanova se sentirá orgulloso mañana. Ella estará radiante, mejor incluso que habitualmente. Desde que le dije que podríamos actuar en el teatro jamás la he visto dejar de sonreír, y eso es inevitablemente contagioso.
Después de todo lo que ha pasado, se lo merece, se merece esto. ¿Por quién sino por ella iba a estar aquí? Hace unos años pensaba que ni siquiera sacaría monedas bailando en la calle, mucho menos soñaba con pisar las tablas, y hoy… bueno, hoy aquí estamos, ensayando la última noche antes del estreno. Se lo debo a ella, a su persistencia.
Mañana es nuestro pequeño gran momento. El Royal Dreury Lane no es el mejor teatro de Londres, pero es mucho más de lo que podíamos haber imaginado en todos estos años. El señor Ivanova se sentirá orgulloso mañana. Ella estará radiante, mejor incluso que habitualmente. Desde que le dije que podríamos actuar en el teatro jamás la he visto dejar de sonreír, y eso es inevitablemente contagioso.
-
¿Raphael? – vuelvo a enfocar la vista cuando me
llama, me había perdido entre pensamientos
-
Perdona – sonrío - ¿Decías algo?
-
Muchas cosas – se ríe tapándose la boca con la
mano – ¿Estás bien?
-
Sí… sí, ya soñaba con mañana – me acerco a ella
y las tablas del escenario crujen bajo mis pies
-
Mañana queda demasiado cerca – se retuerce los
dedos y me tiende la mano – Y aún nos queda el último porté
-
No te apures, lo sacaremos – recojo su mano
entre las mías
-
Sí, bueno… eso dijimos hace cinco horas – sonríe
y y chasquea ligeramente la lengua - ¿De nuevo?
-
Por supuesto – asiento y suelto su mano,
sabiendo la eternidad que pasará hasta que vuelva a sujetarla
Un giro y otro, el escenario parece hecho para ella. Aunque
quisiera, sé que no podría dejar de mirarla. Tiene la ligereza de una pluma que
el viento mueve a su antojo, se posa en el suelo y alza el vuelo como una
mariposa, pequeña y delicada, capaz de pintar de color la más absoluta
oscuridad con un solo aleteo.
Salgo a su encuentro, un paso tras otro, varios giros de
ambos y mis manos se estrechan en su cintura para ayudarla en el salto. Mi
mente se queda en blanco, solo bailamos. Podría entrar cualquiera, aplaudir,
gritar o formar un escándalo tal que estremeciera las calles de Londres, pero
nosotros permaneceríamos ajenos a ello.
De nuevo llega el fatídico salto. Si sale bien será un final
precioso, pero claro… tiene que salir bien. Después de todo este tiempo, ya es
hora. Cuando está en el aire se pone nerviosa y se queda rígida, tiene que
destensar el cuerpo, relajarlo…
Me acerco a ella de nuevo y cojo su mano para hacerla girar,
coloco una mano en su cintura y ella salta para propulsarse. Casi cruzo los
dedos, pero no hace falta. Como si se desmayase, se deja caer para que yo la
recoja en el último momento.
“Un cierre perfecto”. No puedo evitar reírme.
-
¿Quién dijo que no saldría? – sonrío – Ha sido
genial, Luna - ¿Luna? – Eh, está bien, ¿te has lastimado?
Silencio. ¿Silencio? ¡Ha salido! Ni una risa, ni una queja,
ni un… ¿suspiro?
-
¡Luna! – apoyo su cuerpo en mi regazo y tomo su
cara entre las manos – Luna, ¿qué…? – sus ojos están en blanco, sin nada de
color – Luna… - susurro, trato de ¿despertarla? – Luna, ¡Luna! – acerco mi
cabeza a su pecho y no obtengo respuesta alguna, mis labios a los suyos y no
hay rastro de aliento – No, no, no, no, no… ¿qué…? Luna, tienes que volver
conmigo… - las lágrimas se me agolpan en los ojos y empapan mi rostro – Vuelve
conmigo... – la abrazo mientras sigo llamándola en voz baja, o a voces…
realmente no lo sé, ni me importa.
Nos quedamos ahí toda la noche, sobre el escenario, a
oscuras. Y por más que la llamo, no responde, por más que la estrecho… no
consigo traerla de vuelta.
jueves, 17 de mayo de 2012
Ese instante compartido de silencio
Y las nubes se despejaron en aquel instante cálido. Ligeramente húmedo como la caricia de la ola que deja la espuna en la orilla, breve como el canto de un mirlo y se anida a tu piel, fresca, como el rocío de la mañana... Supongo que podría buscar mil y una palabras, lugares, sensaciones que lo acercaran pero no encuentro nada que se le pueda parecer.
Quizás es lo que tiene ese instante compartido de silencio
... Supongo
martes, 1 de mayo de 2012
Por amor
Quizá lo he negado tantas veces que, ahora que la verdad sale contundente de sus labios, cae sobre mí como un muro pesado derruido por la realidad. Aquel que me impedía ver lo que él había hecho. Y ahora... ¿Podré salir de estos escombros que se han precipitado violentamente sobre mí? ¿Será cierto que el amor lo puede y lo perdona todo?
¿Cuáles son mis prioridades? ¿Perdonaré algo tan ruín como un asesinato... siendo este el de mis padres? A manos de la persona que más quiero en este mundo.
No soy una santa ni mucho menos la chica inocente que aparece por lugares inesperados. Más de una vez deseé la muerte de esos bastardos que me hacían sangrar día tras día.
Y sí... ¿fuese al revés? Que yo fuera la amiga imaginaria y viera como a Phoenix no le dejan un solo minuto de paz, dolorido tras una brutal paliza... ¿habría asesinado yo a aquellos que le hacían daño? ¿Lo haría alguna vez en mi presente?
Y... ¿Él me perdonaría a mí? ¿Cómo me sentiría yo si no lo hiciera? Dolida, hundida, sin ganas de querer caminar si no es a su lado. Yo no quiero que él sienta ese vacío.
Por amor se hacen grandes locuras. Y por amor se perdonan esas locuras.
¿O no?
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