Un lugar donde los sueños se hacen realidad, donde la magia tiene sentido y los imposibles son aventuras por llegar.
viernes, 3 de agosto de 2012
Aferrado a la esperanza
¿Vivo?.. Las palabras de la vieja adivina resonaron en su cabeza como las campanas de la mayor de las catedrales . Aun... No puede ser, la sangre de ella, sus piernas... pude ver el sangrado... No entiendo nada, el médico aseguró la pérdida, quizás la mujer se equivoque, quizás. Pero ahora más que nunca quiero creer aunque me aterre, y sólo puedo pensar en su rostro si fuera cierto, en sus caras más allá de toda credulidad, dela felicidad recuperada. Del dolor, por el que han tenido que pasar...
No sé si será , pero se que si existe una posibilidad, debe estar mi mano conseguirla y haré cuanto sea por traerlo de vuelta.
... Supongo
miércoles, 11 de julio de 2012
A media noche
Azucenas. El olor a azucenas revoloteaba en el ya apagado jardín. Las dos lunas se enfrentaban en distintos cuartos, rodeadas de un sinfín de estrellas.
Se había sentado en el mismo lugar de siempre, justo en el centro de un enorme arbusto que bien podría parecer una pequeña cueva hecha de ramitas y adornada con flores azules. La luz de la noche se filtraba por sus recovecos iluminándole parcialmente la cara. Tenía los dedos parcialmente sumergidos en la tierra húmeda y blanda. Abrió los ojos al escuchar el crujir de las hojas y dirigió la mirada al lugar del que provenía el sonido.
- ¿Importuno? – el hombre esbozó una sonrisa e hizo una leve pausa medio acuclillado
- Vos nunca – susurró devolviéndole la sonrisa y haciéndole un gesto con la cabeza, invitándole a tomar asiento a su lado
- ¿Es una mala noche? – cambió su tono de voz a un susurro, igual que había hecho ella antes, y se sentó cruzando las piernas
- Es una noche más – desenterró las manos y comenzó a sacudirse la tierra de ellas – Pero supongo que no has venido a hablar de la magnífica noche que espera fuera
- No – Céfiro le cogió las manos, continuando la labor que ella acababa de empezar y fijó sus ojos en los de ella – El tema que me trae es algo más… desagradable
- Esa palabra se ciñe a vuestros asuntos pero rara vez a vuestra persona – sonrió
- Lo tomaré como un cumplido
- ¿De qué se trata? – a ninguno de los dos le gustaba demasiado andarse por las ramas
- Estáis en peligro, Evelyn
- Constantemente, Céfiro – no pudo evitar una leve carcajada
- Consideradlo entonces un añadido – soltó sus manos ya limpias con cuidado – Se os cree culpable del asesinato de la mujer del señor Kenney
- Algo he escuchado – suspiró bajando ligeramente el rostro, que su compañero alzó apoyando el índice en su barbilla
- Deberíais prestar oído a esas habladurías
- ¿No vais a preguntarme si son ciertas esas habladurías? – sonrió con ironía
- No vengo en calidad de confesor, querida mía
- Es un alivio – su gesto se tornó franco y le acarició la mejilla con el dorso de la mano - ¿Por qué me avisáis?
- Me parece adecuado hacerlo
- Siempre tan parco en palabras
- Las palabras cumplen su función, que es desvelar misterios, por eso tengo cuidado con las mías… pero os diré algo, Evelyn… hayáis sido vos o no, no creo que este asunto sea algo simple
- ¿Os gustan las azucenas, Céfiro? – dijo rozando con los dedos una de las flores que pendía cerca de su cabeza
- No especialmente, pero a vos sí
- Aún tengo aquella que me regalasteis. Solo una, atrapada en un frasco de cristal sin ningún tipo de adorno o grabado
- La recuerdo – asintió con una sonrisa
- Siempre sois tan acertado…
- ¿Importuno? – el hombre esbozó una sonrisa e hizo una leve pausa medio acuclillado
- Vos nunca – susurró devolviéndole la sonrisa y haciéndole un gesto con la cabeza, invitándole a tomar asiento a su lado
- ¿Es una mala noche? – cambió su tono de voz a un susurro, igual que había hecho ella antes, y se sentó cruzando las piernas
- Es una noche más – desenterró las manos y comenzó a sacudirse la tierra de ellas – Pero supongo que no has venido a hablar de la magnífica noche que espera fuera
- No – Céfiro le cogió las manos, continuando la labor que ella acababa de empezar y fijó sus ojos en los de ella – El tema que me trae es algo más… desagradable
- Esa palabra se ciñe a vuestros asuntos pero rara vez a vuestra persona – sonrió
- Lo tomaré como un cumplido
- ¿De qué se trata? – a ninguno de los dos le gustaba demasiado andarse por las ramas
- Estáis en peligro, Evelyn
- Constantemente, Céfiro – no pudo evitar una leve carcajada
- Consideradlo entonces un añadido – soltó sus manos ya limpias con cuidado – Se os cree culpable del asesinato de la mujer del señor Kenney
- Algo he escuchado – suspiró bajando ligeramente el rostro, que su compañero alzó apoyando el índice en su barbilla
- Deberíais prestar oído a esas habladurías
- ¿No vais a preguntarme si son ciertas esas habladurías? – sonrió con ironía
- No vengo en calidad de confesor, querida mía
- Es un alivio – su gesto se tornó franco y le acarició la mejilla con el dorso de la mano - ¿Por qué me avisáis?
- Me parece adecuado hacerlo
- Siempre tan parco en palabras
- Las palabras cumplen su función, que es desvelar misterios, por eso tengo cuidado con las mías… pero os diré algo, Evelyn… hayáis sido vos o no, no creo que este asunto sea algo simple
- ¿Os gustan las azucenas, Céfiro? – dijo rozando con los dedos una de las flores que pendía cerca de su cabeza
- No especialmente, pero a vos sí
- Aún tengo aquella que me regalasteis. Solo una, atrapada en un frasco de cristal sin ningún tipo de adorno o grabado
- La recuerdo – asintió con una sonrisa
- Siempre sois tan acertado…
jueves, 28 de junio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
El filo...
Aquí las espadas gemelas que lleva Edahi (el guerrero de Drakooner)
Aquí la espada (en este caso un sable) de Tomás de Santiago
Aquí la espada de Korvash (la hoja es normal y corriente, sin filigranas ni grabados)
Aquí la daga de Korvash
(Entrada rara, ya, pero no sé, me dio por ahí) Si tenéis curiosidad en alguna otra, decidme y trato de buscar ^^
sábado, 16 de junio de 2012
En las pausas...
Una vez más, la noche y la niebla se apoderaron del lugar. Había sido un día difícil y el silencio se había coronado rey del momento y la espera. A pesar de la calma, los ojos del joven soldado no se alejaban del horizonte, temiéndose un ataque que podría llegar en cualquier momento.
- ¿Buscando estrellas? – un muchacho sonriente, soldado al igual que él, se dejó caer a su lado, sentándose de forma despreocupada
- No se ven esta noche
- Ni esta noche, ni ayer, ni antes de ayer, ni el mes pasado… - Edahi se echó a reír – No sé si hace más tiempo que no veo estrellas o a mi mujer
- Creo que tu mujer te dará una bienvenida más cálida que esas de ahí arriba
- Oh, eres muy gracioso, tal vez podrías dejarme uno de tus escritos, quizá con eso el recibimiento sea aún mejor
- Dice muy poco de ti que me necesites para agradar a tu mujer – Korvash sonrió – Aunque si me lo pides por favor, podría dejarte alguno
- Muy amable – dijo con cierto sarcasmo mientras cogía una pequeña bota que colgaba de su cinto y luego dio un trago al contenido
- ¿De dónde demonios has sacado vino? – no pudo evitar la mueca de incredulidad
- La gente me quiere, ¿sabes?
- ¿Cuánto?
- Dos luar
- ¿Por esto? – señaló la bota soltando una carcajada – Vaya, eres un negociador nato
- ¡Ríete de otro! ¿Se te ocurre alguna otra cosa en la que gastar dos luar aquí?
- Está bien, siéntete orgulloso entonces de haber hecho un trueque horrible
- ¿Tienes tu arma? – el tono de su voz y la expresión en su rostro se tornaron serios de golpe y su mirada se alejó más allá del parapeto
- ¿Tanto te he ofendido? – la sonrisa se borró de sus labios y sus ojos se encaminaron hacia el mismo lugar que los de Edahi. Tras una pausa suspiró – Comenzará en breve
- Avisa a los demás – ordenó sin apartar la mirada
- En seguida, señor – Korvash asintió secamente con la cabeza y se retiró a toda prisa
- Va a ser una noche larga…
- ¿Buscando estrellas? – un muchacho sonriente, soldado al igual que él, se dejó caer a su lado, sentándose de forma despreocupada
- No se ven esta noche
- Ni esta noche, ni ayer, ni antes de ayer, ni el mes pasado… - Edahi se echó a reír – No sé si hace más tiempo que no veo estrellas o a mi mujer
- Creo que tu mujer te dará una bienvenida más cálida que esas de ahí arriba
- Oh, eres muy gracioso, tal vez podrías dejarme uno de tus escritos, quizá con eso el recibimiento sea aún mejor
- Dice muy poco de ti que me necesites para agradar a tu mujer – Korvash sonrió – Aunque si me lo pides por favor, podría dejarte alguno
- Muy amable – dijo con cierto sarcasmo mientras cogía una pequeña bota que colgaba de su cinto y luego dio un trago al contenido
- ¿De dónde demonios has sacado vino? – no pudo evitar la mueca de incredulidad
- La gente me quiere, ¿sabes?
- ¿Cuánto?
- Dos luar
- ¿Por esto? – señaló la bota soltando una carcajada – Vaya, eres un negociador nato
- ¡Ríete de otro! ¿Se te ocurre alguna otra cosa en la que gastar dos luar aquí?
- Está bien, siéntete orgulloso entonces de haber hecho un trueque horrible
- ¿Tienes tu arma? – el tono de su voz y la expresión en su rostro se tornaron serios de golpe y su mirada se alejó más allá del parapeto
- ¿Tanto te he ofendido? – la sonrisa se borró de sus labios y sus ojos se encaminaron hacia el mismo lugar que los de Edahi. Tras una pausa suspiró – Comenzará en breve
- Avisa a los demás – ordenó sin apartar la mirada
- En seguida, señor – Korvash asintió secamente con la cabeza y se retiró a toda prisa
- Va a ser una noche larga…
domingo, 10 de junio de 2012
Las Lágrimas de Kaliana
- Esta historia
comienza en un pequeño pueblecito donde hace mucho, mucho tiempo, Ethron y
Kaliana unieron sus caminos. Como en gran parte de los cuentos, su amor estaba
prohibido, pues los dos se encontraban ya prometidos a unos desconocidos. Los
jóvenes amantes se encontraban cada luna llena a orillas del lago, donde el
viento alzaba la voz para que nadie pudiera escuchar sus palabras. Pero una noche de invierno, Ethron no acudió a la cita. Kaliana lo buscó
desesperadamente con la punzada de un mal presentimiento latiendo en su pecho y
su corazón se detuvo cuando al fin lo vio, tumbado en la superficie del agua
helada, pintando el hielo de rojo mientras la luna se derramaba sobre él. Dicen que Kaliana corrió hasta él y lo recostó
en su regazo hasta que a los poco minutos murió entre sus brazos. La joven
rompió a llorar suplicando a Lianah que se lo devolviera, y las lágrimas que
vertió desprendieron una luz cegadora que al desvanecerse la hicieron sonreír
al ver los ojos de Ethron abrirse y las heridas de su cuerpo cerrarse a una
velocidad milagrosa. Cuenta la leyenda que en la luna del mes más frío del año,
en mitad del gélido lago, crece una flor cuyo néctar es capaz de devolver la
vida a un ser amado…
- Pero padre,
eso solo son historias, ¿no? – Isabel y Juan lo miraban con los ojos muy
abiertos
- Es posible,
hijos míos… - Zachary esbozó una sonrisa, le revolvió el cabello a Juan y con el dedo índice dio un leve toque en la nariz de Isabel - pero todas las historias nacen de alguna parte…
jueves, 7 de junio de 2012
Real
No puedo explicarlo.
No es como describir una casa o un jardín.
No es como tratar de contar un cuento o explicar cómo es el viento cuando te acaricia las mejillas.
No puedo explicarlo.
Todo lo que sé es que he estado tanto tiempo al margen del mundo... he estado tanto tiempo encerrada entre muros fantasmas, y no tan fantasmas... que esto es real.
De pronto me doy cuenta, cuando sonríe y me besa. Estoy segura: él sí es real.
Sea lo que sea, esto es real.
No es como describir una casa o un jardín.
No es como tratar de contar un cuento o explicar cómo es el viento cuando te acaricia las mejillas.
No puedo explicarlo.
Todo lo que sé es que he estado tanto tiempo al margen del mundo... he estado tanto tiempo encerrada entre muros fantasmas, y no tan fantasmas... que esto es real.
De pronto me doy cuenta, cuando sonríe y me besa. Estoy segura: él sí es real.
Sea lo que sea, esto es real.
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