martes, 24 de diciembre de 2013

Lecciones

“Buena travesía”
Es todo cuanto puedo decir, un par de palabras y una sonrisa, mis mejores deseos y un silencio que permanece conmigo.

De algún modo, la gente a la que estimo, acaba marchándose. Las he visto partir de tantas formas que podría escribir un libro. Unos han ido a la guerra, para no volver. Otros han marchado en pos de sí mismos y se han extraviado por el camino, convirtiéndose en algo que no estaban destinados a ser. La decepción ha hecho que algunos también se embarquen, quizás para siempre. La muerte se ha llevado a otros tantos y las aventuras han raptado a muchos, apartándolos a cualquier rincón del mundo.
Las despedidas, en fin, siempre me dejan un sabor amargo. Pensaba que no habría “adiós” posible que no doliera un poco. Y sin embargo y para mi sorpresa y alegría, aún tengo mucho que aprender.

“Buena travesía”, os deseo. Que las estrellas y los dioses estén con vosotros pero sobretodo, sobretodo… que no os olvidéis de ser quienes al fin y al cabo me han dado una lección:

Amarga es la despedida… salvo que te deje en los labios el sabor y la promesa del reencuentro.


Gracias.

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Por qué?

Frío... como si hubiera pasado horas a la intemperie y una rociada me hubiera calado hasta el alma. Tengo el cuerpo entumecido pero a pesar de esta sensación las manos me arden en el lugar donde hace unas horas hubo runas dibujadas. Abro los ojos y agradezco que apenas haya iluminación, puesto que la poca luz que hay me araña las pupilas.
Al mirar a mi alrededor lo primero con lo que tropiezo es con la sonrisa tranquila de la señorita Filia Van Tassel. Esa sonrisa es condenadamente contagiosa y no puedo evitar devolvérsela.

- ¿Estáis bien, Zack? - habla bajito, sin llegar a susurrar
- Vivo... lo cual creo que es... - mi sonrisa se borra, "y si yo estoy vivo..." - Señorita Van Tassel, la muchacha, ¿está...?
- Viva, y sorprendentemente ilesa. Moristeis, Zack... ella y sus amigos os trajeron de vuelta con ayuda de Kaliana
- Me... ¿trajeron? - mi preocupación se desvanece, se cambia el puesto con la sorpresa, aunque por una vez es una sorpresa agradable - El resto de ellos, ¿cómo están?
- Heridos, recuperándose de sus lesiones y tomando algo caliente. Alasther está bajo nuestra guardia y así permanecerá hasta que El Espejo se reúna. Ellos quieren hablar con nosotros, es lo mínimo que les debemos
- Tenéis razón, señorita, es lo mínimo... - asiento terminando de incorporándome


"¿Por qué me han salvado la vida?"

domingo, 1 de diciembre de 2013

Inalcanzable


Al fin entre mis brazos, su mano entre las mías.
Quizás sea cierto después de todo que no se puede coger una estrella, pues cuando por fin la sostuve ella ya no estaba conmigo.
Se me parte el alma, no hay más luces esta noche.


El primer beso que le di… fue para decir adiós.

sábado, 23 de noviembre de 2013

A mi alcance...


Entré en la habitación del señor Céfiro Borousis. Estaba bastante nerviosa, se me había pedido que le atendiese personalmente.
Pero a pesar de sus preguntas intenté mantener la calma. Y sin embargo, desde ese momento supe que sospechaba algo.

Dejó la llave a mi alcance, como quién no quiere la cosa. Parecía una invitación a que la tomase, una prueba de la lealtad que no le tengo.
La superé, y a cambió como premio me entregó la llave para que la guardase de alguien que la andaba buscando.
En definitiva... para que la guardase de mí.

Estaba llena de júbilo. ¡Al fin había conseguido mi objetivo!
Pero era demasiado fácil. Tenía que haber algún truco... y no me equivocaba.

Al entregársela a Petrelli salió volando, atacado por ese mismo objeto. No puedo negar que se lo mereciese. Pero... ¿qué hago ahora?

Céfiro sabe que busco esa llave.
Petrelli no me dejará hasta que la consiga.

Y solo me pregunto desesperada quién será más benévolo conmigo a la hora de darme muerte

Tengo miedo de volver, de no conseguirlo. De morir en mi intento exasperado por salvar la vida.

Sacádme de aquí...

Malos hábitos

Abrió los ojos sobresaltado. Otros ojos claros se encontraban a pocos centímetros de los suyos. Sus ojos se abrieron de par en par, los de su visitante permanecían serenos. Trató de decir algo pero los dedos del muchacho se posaron sobre sus labios.

- Shhh… - negó con la cabeza, recomendándole al soldado que no gritase, que no alzase la voz más de lo debido y retiró los dedos llevándolos al cinto, donde una pequeña y retorcida daga descansaba aun dentro de su vaina
- ¿P… por qué? – desprovisto de sus armas y armadura, el hombre no sabía a qué aferrarse - ¿Vais a matarme? – susurró tragando saliva
- No – respondió el joven volviendo a negar con la cabeza levemente – Conservaréis vuestra vida, solo perderéis la lengua esta noche – su expresión era tranquila mientras desenvainaba la daga con un breve destello
- ¿Mi… lengua? ¿P… por qué? – no pudo evitar retroceder, pegando su espalda contra la pared
- Por uso indebido. Alguien quiere que la mantengáis lejos de las esclavas. Intentad no moveros
- Kha… Khalid…

domingo, 22 de septiembre de 2013

Cabúm

Es curioso como en la mayoría de las ocasiones las cosas no son lo que parecen. A veces son mucho peor, y otras, si hay suerte, mucho mejor.

“Tiene algo que me escama”. Tu percepción está intacta, Arthur.

De todas las cosas que podíamos pensar que estarían pasando en realidad, supongo que ninguno de nosotros esperaba verle estallar al cruzar la última de las puertas.

“¿Dónde está el truco?”, pensé cuando Emily dijo lo que había visto, pero después de que Aeryn contase su parte… bueno… ¿y si no hubiera truco? No sería ni el primero ni el último que va persiguiendo algo que está perdido desde que comenzó su camino y aun así, engañado y esperanzado, continúa avanzando.

¿Sabes qué, chico? Sigues sin gustarme un pelo, pero al menos ahora tenemos algo en común: gente a la que proteger.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Un amargo regreso

Dos semanas. Apenas habían pasado dos semanas desde que Tomás llegó a tierra, de nuevo a la pesadilla que hacía no tanto había dejado atrás.
El uniforme, las armas. El barro, la pólvora, la sangre. No podía echar de menos nada de eso.
Dieciocho años, esa era la edad exacta del muchacho que desde que desembarcó se le había pegado como una lapa. Su nombre era Fernando, y tenía unas ganas atroces de aprender, aunque Tomás no sabía exactamente qué quería aprender, pero ahí seguía.
Les habían golpeado con dureza la noche anterior y se encontraban descansando el cuerpo y tratando de, no sanar, sino evitar que sus recientes heridas les concedieran un paseo rápido al más allá.
Tomás limpiaba algunos cortes en su brazo derecho, superficiales todos pero no por ello necesitados de menos cuidados. En la guerra, una herida que no se limpia puede ser la última. Permanecía en silencio, haciendo vagar los ojos de un lado a otro del amago de campamento que habían conseguido organizar.
Una sombra que poco a poco tomó la forma de un joven, desaliñado y con una pronunciada cojera, se acercó a él cuadrándose a pocos pasos de su persona.

      - Capitán
      - Relajaos, Fernando – Tomás hizo un gesto con la mano, señalando a su lado
      - Sí, capitán – el muchacho tomó asiento a su lado, no sin mostrar una leve mueca de dolor al hacerlo
      - ¿Qué le ocurre a vuestra pierna?
      - Nada, señor, solo un rasguño – sonrió con franqueza, plegando levemente al hacerlo la que en breve sería una nueva cicatriz en su cara
      - De ser así, no os importará que me asegure – dijo simplemente, manteniéndole la mirada
      - Cla… claro, capitán – suspiró arremangándose la pernera del pantalón

La expresión de Tomás no cambió, aunque su percepción de un “rasguño” debía ser distinta de la del muchacho. No le costó demasiado adivinar de qué se trataba y al presionar levemente alrededor de la herida, un fino hilo de pus se deslizó por la pierna del chico.

      - ¿Una bala?
      - Sí, capitán – el muchacho abrió mucho los ojos, apenas le habían hecho falta un par de minutos para deducirlo y supuso que, ciertamente, los años en el campo de batalla son el mejor de los maestros – Pasó rozando, pero lo suficiente como para que…
      - Está infectándose, si continúa así puede extenderse la infección y en el mejor de los casos habrá que amputaros la pierna – Tomás volvió a alzar la mirada hacia el chico, que había cambiado la expresión de sorpresa por la de pánico
      - Y… y… ¿y en el peor… c-capitán?
      - No creo necesitar explicároslo, ¿cierto? – el chico tragó saliva

Tomás cogió su pequeño petate, una especie de bolso de cuero que le había regalado su cuñado antes de partir con varios frascos dentro. No sabía exactamente qué efecto tendría, pero merecía la pena probar. Cogió uno de los frasquitos, que se había asegurado de etiquetar para poder reconocer y distinguir el uso de cada uno, y lo abrió.

      - ¿Qué es, señor?
      - Medicina, si estoy en lo cierto, es posible que evite que se extienda la infección – el chico asintió y Tomás hundió un par de dedos en el emplasto y lo pasó sobre la herida. Un leve resplandor iluminó durante un instante la zona donde estaba untando la cataplasma
      - ¡Capitán! – el joven dio un rápido tirón de la pierna, y se santiguó un par de veces muy rápidamente para luego susurrar – Eso es brujería, capitán
      - Sea lo que sea, Fernando, podéis aplicároslo y rezar, o no hacerlo y en breve posiblemente os estéis santiguando ante el Altísimo. Ahora decidme – le señaló el tarro – ¿Qué preferís?
      - El… - dijo tragando saliva – El fuego del diablo bien vale contra él, señor
      - Eso dicen – asintió con una leve sonrisa volviendo a aplicar el emplasto


Eso sí, esta vez el muchacho no miró lo que ocurría.